martes, 29 de junio de 2010

El ártico, el oso polar y el calentamiento global.


Acabo de llegar del Ártico (archipiélago de Svalvard) y me siento de nuevo frente al teclado. En algún post anterior comenté un viaje a esta zona que realicé hace 12 años. ¿Cambios? Bastantes, unos buenos y otros…constatar lo que ya todos sabemos: el hielo del polo norte desaparece.
En la ocasión anterior tuve dos experiencias inesperadas, una de ellas fue la de no ver ningún animal; bueno sí, un reno, y la segunda fue la de malograrse la ruta al encontrarnos con la banquisa de hielo antes de llegar a los 79º norte, impidiéndonos continuar nuestra navegación.
En la ruta realizada, he tenido ocasión de ver bastantes renos, numerosas morsas y hasta 6 osos polares, también hemos encontrado mar abierto que nos ha permitido llegar hasta los 80º 44’ (unos 900 kms. del Polo Norte) sin encontrar hielo consistente. A expensas de cometer errores de apreciación al comparar dos únicos hechos, puedo decir que, según he observado, en 12 años el hielo del casquete polar se ha retraído unos 250 kms. Toda una catástrofe. Al no haber hielo las focas se van y los osos polares, reyes de estas regiones, pierden su principal fuente de alimentación.
En un punto de nuestra ruta, se incorporaron a nuestro barco (compartiendo mesa y desembarcando con nosotros) dos científicos noruegos que estaban haciendo un trabajo sobre el impacto del turismo ártico; actualmente se estima en quince mil el número de viajeros que anualmente visitan aquellas regiones. Insisto una vez más en que hay que hacer un esfuerzo para conciliar la preservación de la naturaleza y el turismo responsable. Volviendo al principio, el aumento de la fauna se debe a las medidas proteccionistas del gobierno noruego, que quiere desarrollar el incipiente turismo ártico, y esto les ha obligado a prohibir absolutamente la caza y cualquier otra actividad que impacte con el medio ambiente. La fauna es escasa y esquiva (nada que ver con la Antártida) fruto del hostigamiento y la esquilma permanente a la que la ha sometido el ser humano desde el siglo XVII; en la memoria de animales, que como el oso y la morsa viven 40 ó 50 años, tiene que quedar, aún hoy en día, el recuerdo de las matanzas llevadas a cabo por cazadores y tramperos hasta no hace mucho. Espero que aún tengamos tiempo de enmendar los errores del pasado.
JAM

jueves, 10 de junio de 2010

Viaje al pequeño Tíbet . Valle de Zanskar (India).


En agosto de 1987, contemplaba el paisaje desde la cima del Nun, la montaña que con 7.127 mts. es la más alta de aquella región del Himalaya. Hacia el sur se extendían unos profundos valles ocres salpicados de pequeños oasis y campos de cultivos, uno de ellos era el valle de Zanskar.
En los años ochenta el trekking a esta región fue uno de los más solicitados en nuestra agencia. Entrábamos a la zona por Cachemira, una de las más bellas regiones de la India y tras pasar unos días idílicos en el lago Dal, remontábamos la carretera que subiendo a los cuatro mil metros de altura, dejando atrás el mundo musulmán, nos introducía en el budista, en el valle de Zanskar. Desde hace casi veinte años esta ruta de acceso se ha abandonado, debido a los conflictos religiosos que asolan la región de Cachemira. Hoy en día la entrada la realizamos desde el sur, desde la región de Manali.
La nieve solo permite el acceso al valle durante unos pocos meses, lo cual ha permitido junto al hecho de formar parte de India, que Ladakh y Zanskar no sufrieron la invasión china, y hoy sea uno de los pocos rincones del Himalaya donde sobrevive la cultura y religión tibetanas. Aún hoy en día, en estas tierras se practica la poliandria y es fácil encontrar familias donde una mujer comparte su vida con dos hermanos.
Sus apenas quince mil habitantes, se extienden sobre aproximadamente siete mil kilómetros cuadrados. En los poblados se agrupan humildes casas, hechas de ladrillo de tierra gris sin encalar. Estamos sobre los cuatro mil metros de altura y no crecen árboles ni arbustos, solo campos de cebada y flores silvestres como la amapola azul y el edelweiss. Estamos ante el valle habitado más alto del planeta. Su paisaje es duro, agreste y montañoso con vertiginosas laderas surcadas por caminos bien trazados que se alejan del cauce del río, los cielos son de un azul rabioso apenas salpicado de nubes; el monzón, que en verano cubre la India de lluvias, ha quedado bloqueado por la cadena montañosa más alta del planeta, permitiéndonos gozar del fresco aire de altura y de paisajes sin límites.

Después de realizar un trekking por el valle de sur a norte, la mejor posibilidad es acabar visitando el valle de Ladakh y sus monasterios (Lamayuru, Alchi, Hemis, Tsikey…), esto nos servirá para completar nuestro periplo por uno de los enclaves budistas lamaístas menos transformados del mundo. Para los que gusten de caminar por lugares pocos transitados, conocer reductos culturales, y disfrutar de paisajes únicos, el trekking del valle de Zanskar y la visita al valle de Ladakh es uno de mis trekking favoritos que os recomiendo a todos. Se me olvidaba… el mes de agosto es formidable, sobre todo para los que quieran conocer el Himalaya y sólo dispongan de agosto como periodo vacacional.
JAM

martes, 1 de junio de 2010

Compromiso por África.


Hace nueve años tuve la oportunidad de hacer algo que no habia podido hacer de más joven pero que siempre me había apetecido, bajar conduciendo mi propio coche a África. Lo clásico, un Peugeot de segunda mano con miles y miles de kilómetros, unas cuantas piezas de repuesto y a la carretera. Para ilustrar este viaje fantástico, comentar que la primera avería la tuvimos en Ceuta… Pero de este viaje hablaré otro día. Hoy quería escribir de otro aspecto del viaje, en el transcurso del cual hubo una cosa que me impresionó especialmente y fue conocer a una pareja de europeos, no consigo recordar su nacionalidad, muy especial. En esos días de noviembre y mientras intentábamos vender nuestro viejo coche en la ciudad senegalesa de Ziguinchor, vivíamos en casa de una amiga que trabajaba en UNICEF. Era un gran casa en la que estábamos solos, aquellos días nuestra amiga estaba trabajando para lograr un acuerdo tribal en contra de las mutilaciones genitales femeninas, y según sabíamos, en la casa, vivía esporádicamente una pareja de europeos. Estos chicos, conducían una furgoneta e iban de pueblo en pueblo proyectando un cortometraje sobre los peligros de las minas antipersonas, en aquella época la región de la Casamance estaba en conflicto con los Diola y los campos de minas tendidos por el ejército y la guerrilla ocupaban grandes zonas. La labor me pareció digna de elogio por su grado de compromiso.
Uno de aquellos días, estaba asomado en la terraza viendo el discurrir del río Casamance, cuando vi llegar la furgoneta de estos chicos, se paró, destartalada como todos los vehículos que circulan por África, y de ella bajó en primer lugar una silla de ruedas... Vivir en África siempre es duro, hacer labores humanitarias y de concienciación es arriesgado ya que siempre molestas a alguien, pero además el chico era parapléjico. Tuve oportunidad de charlar con ellos, no todo el tiempo que hubiera querido, ellos continuaban su periplo de pueblo en pueblo, pero sí el suficiente para poder comprender la ilusión, el empeño y las ganas de vivir que él y su pareja habían puesto en ese proyecto. No recuerdo su nombre ni su nacionalidad pero me dejaron un recuerdo imborrable y desde aquí quiero hacer un humilde homenaje a todas las personas, que como ellos, realmente se dejan la piel por los demás, lejos de publicidad, donativos y grandes presupuestos, aportando su granito de arena sobre el terreno.
JAM