lunes, 14 de marzo de 2011

MALULA Y EL ARAMEO (SIRIA)


Día de lluvia en Damasco. Cielos plomizos con nubes cargadas de agua. Hoy salimos hacia Tartus y Latakia, comienza de nuestro recorrido por de Siria. Las carreteras son sorprendemente buenas, aunque la intensa lluvia, propia del mes en el que estamos (Febrero, las convierte, a menudo, en piscinas. Ha trascurrido aproximadamente una hora y, justo cuando comienza la zona montañosa, aparece colgada en un acantilado la ciudad de Malula, lugar de obligada visita. El “desarrollo” va dejando su huella y la profusión de antenas parabólicas y nuevas construcciones van modificando lo que antes era un enclave montañés.
Su carácter y su historia permanecen. ¿Qué hace importante a este pequeño pueblo de no más de cinco mil habitantes? Las gentes de Malula son los herederos naturales de las tribus semitas que en el siglo XIV a. de C. poblaban el desierto sirio y parte de la Mesopotamia. Y otra peculiaridad (teniendo en cuanta su ubicación en medio del mundo árabe), es la de mantener el arameo como idioma, además de esforzarse en su preservación.
La primera parada es en el Monasterio de Mar Sarkis (San Sergio). Amablemente un cura nos recibe, pregunta nuestra nacionalidad para actualizar sus estadísticas y nos invita a que, tras la visita, probemos el vino que produce el monasterio. Construido en el siglo IV sobre las ruinas de un templo pagano, de estilo bizantino, presenta uno de los primeros altares cristianos. Desde su construcción hasta la fecha este monasterio ha sido utilizado como lugar de culto; albergando una interesantísima colección de iconos religiosos de los siglos XVI al XVIII; entre los que se destacan uno de la Santa Virgen María y otro de los mártires Sergio y Bakhos. Es pequeño, bien conservado y restaurado y su visita resulta muy interesante.
Quizás, lo que más llama la atención cuando ya te has sumergido en el ambiente de este lugar, es el oír el rezo del Padre Nuestro. Sentados en un banco, el silencio y la curiosidad se imponen y escuchamos atentos a una muchacha del monasterio, rezarlo en la lengua en que se supone lo hizo Jesucristo: en Arameo. “Abuna di bishemaya…” (Padre nuestro que estás en el cielo)…
Al parecer hace casi un siglo un científico alemán se instaló en esa población para “sumergirse” en el idioma y conseguir recuperar su gramática. A éste le siguieron otros y hoy es frecuente encontrar a expertos en lenguas muertas que visitan o residen en esta región, para estudiar un idioma que era común en la zona hace dos mil años.
En total, los sirios que aún se expresan en arameo no superan los 18.000, aunque el Gobierno ha creado recientemente un Centro de Estudios del Arameo, que se ubica en Malula, en el que tratan de actualizar una gramática que ha sido conservada por la tradición oral.
De nuevo bajo la lluvia, callejeamos por el pueblo con el sonido de fondo de los altavoces que retransmiten, a voz en grito, la misa que se celebra en el santuario de Santa Tecla. Es hora de continuar hacia la ciudad costera de Latakia.
JAM