lunes, 29 de agosto de 2011

Sri Lanka, Asia tranquila (1ª parte).


Sri Lanka ha sido uno de esos países que siempre se me había ido quedando relegado por proyectos de viajes más ambiciosos. Los últimos años tampoco han sido los mejores para visitarlo, años de actividades terroristas protagonizados por el Frente de liberación tamil y de destrucción provocada por el tsumani del 2004, situaron a este país, fuera de los lugares a visitar en el planeta.
En el otoño del pasado año me surgió una buena oportunidad para visitarlo, no tenía muchos días disponibles, pero sí los necesarios para tener una impresión de lo que allí se puede encontrar. Mi buen amigo Chitralal Fernando, al que conocí en la feria de turismo (Fitur) en Madrid hace casi 20 años, me esperaba en el aeropuerto de Colombo, habíamos dejado España a -3 º C y aterrizábamos, después de 14 horas de vuelo, a más de 35 grados….
Si miramos un mapa del Subcontinente, Sri Lanka se asemeja a una lagrima que se desprende de la India, es un pequeño país de 66 mil kilómetros cuadrados (435 kilómetros de norte a sur y 225 de anchura máxima), donde conviven dos grupos étnicos: el cingalés mayoritario y budista y los tamiles, hindúes descendientes de los primeros inmigrantes del sur de India y de los trabajadores traídos por los colonizadores británicos para trabajar en los campos de té en el siglo XIX.
Sri Lanka ofrece un buen coctel, puedes fabricártelo a medida sabiendo que la materia prima es buena, poner una parte de restos arqueológicos, una parte de naturaleza, una parte de grupos étnicos y porque no, una parte de playa. Las cantidades de los componentes las podemos poner al gusto, el sabor será siempre muy agradable.


Como era mi primera visita al país intente promediar, la zona arqueológica seria la zona de Polonnaruwa, Anuradhapura y la montaña de Sigiriya, la parte de naturaleza la dirigí a Nuwara Eliya y al P.N. de Yala, la étnica a Kandy y Kataragama y la de playa a la zona de Hikkaduwa. No estaba arriesgando mucho.
Cuando te lanzas a la carretera en Asia te sueles encontrar caos y pobres infraestructuras, no es el caso en Sri Lanka, aquí hay un cierto orden, y un mantenimiento correcto, pero hay que tener cuidado… con los elefantes.
En Giritale, montamos nuestro campo base para visitar las antiguas ciudades de Polonnaruwa, Anuradhapura y Sigiriya, tres joyas arqueológicas en medio de un paisaje boscoso. La zona la visitamos con tranquilidad, sin agobios de gentes o vendedores, disfrutando de rincones solitarios, esto sí, al ritmo tranquilo que el calor impone. Templos budistas –con las características y misteriosas estelas lunares a la entrada–, enormes imágenes del Buda en meditación o en el reposo del momento de abandono definitivo del cuerpo, estanques, lagos artificiales e impresionantes palacios y monasterios, son los restos que van apareciendo entre la vegetación exuberante.
JAM